¿Qué hago con esta culpa? • The Mindful Room
¿Qué hago con esta culpa?

10 Dic ¿Qué hago con esta culpa?

Volvemos a la carga con el post de esta semana!
La semana pasada no hubo post porque quise aproximarme a ti de otra forma, hice una conferencia online para los suscriptores de la web. Me apetecía mucho romper la barrera del sonido y ampliar la experiencia con la imagen.

Y de hecho te diré que me lo pasé genial! Hablamos sobre el presente como puerta de acceso a la calma, un tema que yo siento que es muy importante hoy en día. Se habla mucho (yo la primera) de anclarnos en el aquí y en el ahora, de lo vital que es volver al presente pero me di cuenta que tal vez no quedaba claro el porqué.

Y si eres como yo, con una mente inquieta, bastante preguntona y que se cuestiona todo y más, podrías llegar a la conclusión de que sin un motivo de peso eso puede llegar a ser una tontería descomunal porque claro «no te gusta tu presente, no estás cómoda, hay un punto de insatisfacción… ¿para qué querría alguien quedarse dónde no está bien?»

Pues de todo eso estuvimos hablando durante una horita. Si te gustaría acceder a ella suscríbete a la web para recibir la newsletter y la semana que viene te llegará junto con el podcast semanal.

Gestión de la culpa

Una de las preguntas que salieron durante la conferencia fue sobre la gestión de la culpa cuando uno se coloca en el centro de su vida e inevitablemente empieza a poner límites pero se siente mal por ello. La pregunta era, ¿qué viene primero, poner los límites y gestionar la emoción o sentirse empoderado y poner los límites? ¿En algún momento dejas de sentirte culpable?

¡Es una gran pregunta! Y quiero dedicar el podcast de hoy a hablar de esto: conflicto y gestión de la culpa.

A medida que uno va creciendo en su propio desarrollo interior, empieza a darse cuenta que ir a la merced de lo que sucede fuera es una auténtica locura y que no siempre sienta bien. Empiezas a tomar consciencia de tu dimensión interior, de tus emociones y creencias, de dónde «vibras alto» y dónde aborreces estar. Y claro, eso te confronta con una de las cosas que más benefician a nuestra salud y que al mismo tiempo más tememos: poner límites.

De esto hablé largo y tendido en el post «La importancia de poner límites«, pero hoy introducimos en la ecuación nuestra queridísima culpa.

¿Y si expresar mi sentir hace que el otro se sienta mal? ¿Y si me rechaza? ¿Qué hago, paso de todo y que se lo gestione como pueda o me callo y no digo nada?

Pareciera como si tuviéramos que escoger entre culpa o frustración.

La respuesta es un poco compleja porque ya sabes que en la vida nunca hay blancos o negros, sino que todo depende del prisma desde el que se mira. Pero si que me parece importante resaltar algunas cosas.

Desde mi punto de vista lo más importante es poner atención al «¿desde dónde?». Porque no es lo mismo poner límites porque siento que el otro me está tocando las narices y crece en mí la emoción de rabia, que poner límites porque siento que ya no comparto nada con el otro y simplemente no me apetece pasar rato con él.

Si es la segunda opción, que esto lo veo constantemente en los procesos que acompaño, no hay que hacer más que escucharse y respetarse. Pasa de forma muy orgánica y natural. Sencillamente las personas que no vibran con quién tu eres ahora se alejan, y nuevas personas más acorde a quién eres en este instante llegan a tu vida y traen aprendizajes nuevos. Es inútil entrar en explicaciones o intentar que el otro cambie su visión. No está en ese momento, igual que no lo estabas tú hace un tiempo. Lo más sensato es respetar que la vida tiene su propio plan para él o ella y que todo está bien.

En esta opción no incluyo a la pareja, que esto merecería un post entero!

Pero si es la primera opción la cosa ya cambia, porque tanto si te gusta como si no aquello que te toca tanto las narices habla de ti y el otro es el mensajero que toca el botoncito de la ira. ¿Qué hago entonces? ¿Me expreso o no?

Para saber exactamente cómo resolver los conflictos sin perder los nervios te recomiendo que te pases por el podcast con este mismo título en el que hablé sobre todo ello.

Pero sí que hay algunas cosas extra que quiero compartir contigo.

¿Eres sincero o sincericida?

Es sano expresar tu sentir, pero la forma sana de hacerlo es recurriendo al «yo me siento» y no al «tu me haces sentir», teniendo muy en cuenta qué estás sintiendo y qué crees que ha hecho que el otro se sienta así.

Verás que esto en el fervor del momento es complicado, por eso dejarse llevar por el enfado no suele ser una buena opción porque entramos en defensa por supervivencia y luego puede ser peor.

Todos somos maestros de todos

Del mismo modo que yo reacciono con el otro, el otro reacciona conmigo. Estamos los dos aprendiendo de esta situación, cada uno con su propio aprendizaje.

Esto a mí me parece muy bonito porque me confirma que nada cae en saco vacío; toda situación tiene en sí la semilla del cambio.

Atención a la sobreprotección desde la soberbia

Mucho cuidado con la tendencia a la sobreprotección o a esa figura del «ayudador». Este arquetipo nace de la sombra y tiene en su interior la soberbia. Cuando no me expreso desde la coherencia para que el otro no se sienta mal, lo estoy volviendo un inútil. Estoy asumiendo que no tiene la capacidad de aprender de esta situación ni de crecer con ella.

Así pues respondiendo a la pregunta que salió la respuesta está clara: expresa tu sentir, ¡claro que sí! pero entrénate para hacerlo desde la calma y la conexión contigo y con tus límites. Y si el otro es alguien que te importa, asume que lo haces por su bien, para que aprenda de ello. No puedes salvar a nadie ni llevar en tus espaldas la responsabilidad del cambio ajeno.
Eso es imposible.

Esto no es de la noche a la mañana, es un proceso. Un camino que se va tejiendo poco a poco. Ya sabes que estoy aquí si necesitas una mano que te acompañe.

Aprovecho también para decirte que justo el viernes empezamos el Retiro de Mindfulness y Meditación. Si quieres apuntarte, me encantará que te vengas!

¡Tu turno! ¿Cómo vives tú la relación con tus límites? ¿Te sientes violento cuando los aplicas?

¿Te ha gustado el post? ¡No dudes en compartir! ;)
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