Un día de calma con mindfulness transpersonal • The Mindful Room
Un día de calma con mindfulness transpersonal

24 Mar Un día de calma con mindfulness transpersonal

Hoy me apetece compartir contigo algo práctico. A pesar que llevo toda la semana reflexionando sobre un montón de cosas me parece más útil compartir contigo cómo es un día de calma desde la visión del mindfulness transpersonal.

Para que lo implementes, para que desde tu casa vayas entrando en este estado interior.

Tengo pendiente crear un taller de iniciación al mindfulness, sobretodo para contarte con detalle qué es esto del transpersonal y cómo se diferencia de lo que no lo es.

Pero hasta que ese momento no llegue, te cuento que lo transpersonal apunta a realidad sutil que te trasciende. Más allá de tus pensamientos, más allá de tus creencias, más allá de tus deseos y de tu propio cuerpo. ¿Qué hay?

Tú.

Nada más. Ese «tu» real, auténtico. Sin adjetivos que cuelguen de él.

Con la práctica sostenida del mindfulness vivido desde lo transpersonal, poco a poco vamos soltando lo que no somos para dar paso a lo que sí somos.

Pero como en todo, hay que empezar.

Y hoy es ese día de empezar.

Quiero añadir antes de empezar, esto ya lo dije el otro día en el directo que hice en Instagram para las CovTalks, que estar en calma no es sinónimo de no tener emociones o de estar siempre maravillosamente bien levitando como si estuviéramos iluminados, no. Estar en calma es crear un espacio interior que te permite gestionar las emociones y los pensamientos cuando estos surgen, dándoles espacio para ser y dándote permiso para vivirlas sin identificarte con ellas. Lo contrario es estar en drama, y cuando esto ocurre (que lamentablemente es la mayoría de las veces), nos dejamos llevar por estas emociones y pensamientos, entrando en histeria, nerviosismo y predicciones apocalípticas.

También decirte que nada de lo que nadie te diga va a valer si no lo validas y si no sientes que lo necesitas. Te lanzo algunas ideas y formas de hacer y a partir de ahí, tu misma.

Pues dicho esto empezamos. Adapta lo que te cuento a tus circunstancias y coge aquello que te resulte más interesante.

Amanece un nuevo día y poco a poco vas abriendo los ojos. Tal vez te haya despertado una alarma, tal vez haya sido el propio cuerpo que ya no quiere dormir más. Sea como sea, antes de salir al mundo te recomiendo que vayas volviendo a tu cuerpo con mucha atención.

Mi recomendación es que antes de leer o escuchar las noticias, te des un tiempo de silencio.

No salgas de la cama todavía. Observa el tacto de tus pies con las sábanas, recréate en las sensaciones. Mueve lentamente tus piernas, estirándolas y flexionándolas. Observa cómo están tus caderas, tu espalda, el tronco y poco a poco, muévelo. Como haciendo pequeñas ondas y poniendo mucha atención al tacto, a las sensaciones. Así mismo observa tus brazos, muévelos lentamente. Y ahora tus manos y poco a poco ve mobilizando cada uno de los dedos.

Sube tu atención hasta la cara. Date cuenta de si tienes el ceño fruncido ya de buena mañana, de si tus mandíbulas están tensas. Y haz el sencillo ejercicio de soltar, de sentir, de estar. Nada más. Con las mandíbulas puede ayudarte abrir la boca para destensar el músculo.

Ahora, colócate sentada en el borde de la cama o en la propia cama con la espalda en el cojín, y antes de levantarte cuenta 10 respiraciones profundas. Llenando bien los pulmones al inhalar, soltando todo el aire al exhalar.

Ahora ya sí, puedes levantarte.

Una vez hecho esto mi recomendación es que antes de desayunar nada te vayas a tu espacio de meditación y te dediques a la práctica durante al menos 20 minutos. Pero:

  • Si no has meditado nunca, empieza por 5 minutos y ve ampliando con los días un poquito más. No medites todos los días si todavía no tienes el hábito, establece una rutina semanal y ve aumentando la dosis meditativa paulatinamente. La aplicación que yo uso se llama Insight Timer, por si te sirve.
  • Si te resulta imposible meditar por la mañana, reserva un espacio en cualquier otro momento del día. Pero póntelo en la agenda y comprométete!

De forma alternativa, otra cosa que puedes hacer es escribir tus pensamientos. Se trata de una técnica que recomiendo en mi curso grupal y que es muy potente. Siéntate con un par de hojas y un boli y escucha a tu mente. El símil es un poco como cuando estábamos en el colegio y la profesora nos dictaba un texto. En este caso la profesora es la mente, que va soltando cosas sin ton ni son. El ejercicio es escribir 2 hojas por delante y por detrás de lo que la mente te cuenta. Es crucial aquí que no intentes darle un sentido, porque de hecho verás que no lo tiene. Simplemente transcribe y desidentifícate del discurso de tu mente.

En cuanto al tema del desayuno, lo dejo a tu elección. En casa vamos muy a épocas y en este momento en el que hay tan poco desgaste energético hemos decidido hacer ayuno interminente. Cenamos a eso de las 21h y hasta las 13.30h del día siguiente no comemos nada.
A mi personalmente me ayuda a sentirme más ligera, pero esto depende mucho de cada uno y creo que la escucha al corazón es absolutamente esencial. Porque igual que te digo esto hay épocas en las que ni de coña dejo de desayunar, así que lo que tu sientas.

Si decides no hacer ayuno la recomendación es que uses tu desayuno para practicar mindfuleating. Es decir, para poner mucha consciencia a los sentidos a través de la comida.
¿Cómo huele? ¿Qué textura tiene? ¿Qué colores percibes? ¿Qué matices notas en tu boca? Date cuenta y amplía la experiencia recreándote en ella. Ningún otro sitio al que ir, ninguna otra que sentir. Estás aquí y ahora.

A partir de aquí el día fluye según tus propias obligaciones.

Personalmente me parece importante establecer rutinas. Más que nada porque cuando hay tanta percepción de inestabilidad las rutinas son pequeñas anclas que te ayudan a ir avanzando en tu día a día. En momentos de tanta incertidumbre, la certidumbre la podemos encontrar en lo cotidiano.

Es una forma de pasar de la dispersión al foco.

Por ejemplo, establecer un horario para hacer ejercicio, para trabajar, para comer, etc. Estar en casa no significa que tenga que haber anarquía. Recordemos siempre que somos dueños de nuestra mente, no al revés.

Te diré incluso que me parece un acto de autoamor el racionar la ingesta de información. Limitarla a momentos concretos y no estar enganchado todo el día a lo que sucede.

Y de la misma forma que te digo esto, te digo que te escuches y te des lo que necesitas. Hace algunos días que estoy sintiendo un impulso muy grande de escribir lo que está sucediendo y plasmar en el papel cómo lo estoy viviendo. Me di cuenta hace unos días que estamos haciendo historia y me parece crucial dejar constancia de él a mi propia manera.
Este es mi ejemplo. Pero tal vez quieras colorear, ponerte a bailar como una loca o hacer papiroflexia… ¡o no hacer nada!

Es tiempo de escucha y de darnos lo que necesitamos. Más que nada porque es importante tener siempre presente que perder algunas libertades exteriores no significa perder la libertad interior.

Hagas lo que hagas te recomiendo que entre actividad y actividad te des una pausa mindfulness. Te pares, hagas algunas respiraciones conscientes, observes como está tu cuerpo y tu mente y prosigas con lo que estabas haciendo.

Puede suceder que en algún momento a lo largo del día experimentes subidas y bajadas emocionales. No las evites, son normales. Y mucho menos te culpes. ¡Tienes derecho a sentir miedo, rabia o aburrimiento! Sea lo que sea, date el permiso de sentir la emoción (que no es lo mismo que pensar la emoción); el matiz lo es todo.

Te cuento cómo lo hago yo: me voy a mi rincón de meditar, me siento con una vela, cierro los ojos, empiezo a conectar con la respiración y pongo el foco de mi atención sobre esa emoción. Sintiéndola, viviéndola, permitiendo lo que trae, respirándola. Y me quedo un rato así hasta que poco a poco se va disolviendo.

A veces luego necesito escribir, otras simplemente estar. De nuevo, se trata de conectar con la escucha al corazón.

En cuanto a las comidas y cenas la recomendación es, de nuevo, usar los sentidos para anclarse en el presente. Disfrutar de los alimentos, de la compañía.

Y ya para cerrar el día puedes hacer un pequeño ejercicio de recapitulación y agradecimiento. ¿Qué he comprendido hoy? ¿A qué o a quienes agradezco?

Yo a menudo me quedo en la cama, a oscuras, con los ojos abiertos, oyendo al silencio y pensando en lo que ha traído el día.

A veces se me va la mente pensando en la que está cayendo, en lo que podría pasar. Y cuando me descubro así me enfoco en la respiración de mi pareja que ya está en el séptimo cielo o en la mía propia, y pongo la atención en cómo el mi pecho sube y baja en cada respiración. Y así, poco a poco, voy alejándome de esta realidad volviéndome una con el silencio.

Si quieres introducir actividades de atención plena en tu día a día aquí tienes el enlace de acceso a la guía mindfulness para la vida cotidiana. Igual que si necesitas meditaciones para volver al aquí y al ahora.

Recordarte también que tienes acceso gratuito a «Oasis de calma». Por si quieres entrenarte durante 40 días en esto del estar presente.

Te mando un fuertísimo abrazo y hasta la semana que viene,
Alba.

¿Te ha gustado el post? ¡No dudes en compartir! ;)
1Comentario
  • Inma
    Posted at 18:20h, 25 marzo

    Muchísimas gracias Alba!! Eres un sol que iluminas nuestros días, estos días tan grises!!GRACIAS. Un fuerte abrazo

Post A Comment
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