La dispersa no eres tu, es tu mente • The Mindful Room
La dispersa no eres tu, es tu mente

02 Abr La dispersa no eres tu, es tu mente

Seguro que alguna vez te has levantado por la mañana a tope de energía, con la idea que ese va a ser un día muy productivo, que vas a poder sacar un montón de cosas que tienes pendiente. Te sientes empoderada y con ganas de comerte el mundo.

Pero entonces el día va avanzando y los estímulos exteriores empiezan a ser demasiados, se abren mil frentes ante ti y poco a poco vas sintiendo como tu nivel de dispersión mental es cada vez más grande hasta tal punto que cuando llega la noche y termina la jornada te das cuenta que tienes la cabeza embotada de ruido, que te sientes con la energía por el suelo y que aunque has hecho muchas cosas tienes poca sensación de eficiencia.

No te preocupes, es muy común. Y no, no es que tu seas dispersa por naturaleza. La dispersa es tu mente que no sabe hacia dónde tiene que poner el foco.

Pero como muchas cosas en la vida, esto también tiene solución.

Si quieres acceder a la versión locutada de este post puedes hacerlo a través de este reproductor o en Spotify, iVoox y iTunes con el nombre del programa “Cómo vivir con calma mental”.

Dispersión mental vayas dónde vayas

Esta dispersión que es tan común (y que ha crecido considerablemente con el uso de los dispositivos electrónicos) nos la llevamos a todas partes. Cuando estamos trabajando y nos interrumpen mil veces porque otras cosas parecen más importantes, cuando estamos andando por la calla y miramos al móvil o estamos embobadas con nuestros pensamientos, pero incluso en momentos de ocio o relax, estando con amigos, familia o pareja pasando un buen rato. Es cuando se dan esas situaciones en las que mientras miras la tele, también miras Instagram al tiempo que hablas con tu pareja. Exactamente, ¿qué estas haciendo?

Como te comentaba en el post Concéntrate y reduce tus distracciones, solo tenemos capacidad para estar atendiendo a una sola cosa cada vez. Si aparentemente estás con más cosas, puedo asegurarte que ninguna de ellas está siendo atendida al 100% con tu presencia.

El porqué de una mente dispersa

Hay dos cosas importantes que creo que necesitas saber sobre cómo funciona la mente. Entenderlo te ayudará a paliar sus efectos y a tomar medidas para que tu energía no se disperse con tanta facilidad.

Tendencia a rellenar huecos

En primer lugar, la mente tiene una tendencia inherente y brutal a rellenar huecos. Necesita que las cosas tengan sentido, se vuelve loca si no es así. Es por eso que cuando nos cuentan algo a medias, solemos rellenar el resto de la historia con nuestra visión, con nuestra película. Y suele suceder que este relleno responde más a nuestro mapa de realidad que a la realidad en sí. Y además, suele suceder que lo que metemos en ese hueco habla más de nuestra sombra que de otra cosa. De ahí vienes los juicios, los malentendidos y las interpretaciones erróneas.

Supongamos que estás en una reunión de trabajo o en una conversación privada en la que la comunicación del otro es poco clara, sin foco ni estructura. Aunque tu no te des cuenta, tu mente está procesando la información a toda velocidad. Pero con el extra de interpretación. Necesita hacer más esfuerzo para saber a qué se refiere el otro. Cada vez que algo quede claro se dará por asumido; pero de lo contrario, es posible que salgas de la reunión dando vueltas a lo que no acabó de tener sentido para ti y lo más probable es que le metas tu juicio. Lo que puedo asegurarte es que vas a salir de allí agotada y este es el porqué: tu mente ha hecho un sobre esfuerzo para dar sentido a la realidad.

Esto también sucede mucho en procesos inconclusos de duelo, cuando quedaron cosas por decir y la mente constantemente te trae imágenes que te llevan a necesitar hacer algo para cerrar el círculo.

Así que para paliar esta fuga energética, te aconsejo que sea cuál sea el ámbito en el que algo quedó abierto, ya sea una duda, un malentendido o lo que sea, inviertas un tiempo para resolverlo o entenderlo. Siempre desde la honestidad y la empatía y evitando el conflicto si no es necesario.

Elevada inversión de tiempo para la concentración

En segundo lugar, se ha descubierto que tardamos unos 23 minutos 15 segundos para concentrarnos plenamente en una tarea. Así que en un ambiente de trabajo sobrecargado de interrupciones constantes, el nivel productivo será más bien bajo. Y cada vez que nuestra mente salte de un estímulo a otro tendrá que hacer un extra de esfuerzo para volver a concentrarse. Como ves, el gasto energético es enorme para la poca eficiencia final.

Para paliar esta poca eficiencia hay dos cosas que puedes hacer:

  • Prioriza tus tareas y concéntrate en aquello que elijas.
  • Elige tus distracciones conscientemente.

Y evidentemente, quita notificaciones, y estipula bloques de tiempo para cada tipo de tarea.

La dispersión en meditación

Así que con este panorama de fondo llegamos a casa con ganas de vaciarnos, de reducir el ruido interior y sucede que tenemos la mente revolucionada: no se calla y nos cuesta mucho anclarnos en el presente. Por eso la meditación suele costar tanto. La misma mente que revolotea de un pensamiento a otro nos boicotea para que salgamos de la quietud y nos pongamos a la acción. 

Comparto contigo un bello cuento sobre Siddharta que seguro te ayudará a entender la esencia principal de la práctica contemplativa:

En un caluroso día de verano, Siddhartha Gautama estaba atravesando un bosque junto a su principal discípulo, Ananda. Sediento, el Buda se dirigió a su acompañante:

-Ananda, hace algo más de una hora cruzamos un arroyo. Por favor, toma mi cuenco y tráeme un poco de agua. Me siento muy cansado — el Buda había envejecido.

Así lo hizo Ananda. Deshizo sus pasos, pero cuando llegó al arroyo, acababan de cruzarlo unas carretas tiradas por bueyes que habían removido las hojas muertas y el cieno, enturbiado el agua y convirtiéndolo en un lodazal. Este agua ya no se podía beber; estaba demasiado sucia. Así que Ananda regresó junto a su maestro, con el cuenco vacío.

-Tendrás que esperar un poco — dijo Ananda — . Iré por delante. He oído que a sólo cuatro o cinco kilómetros de aquí hay un gran río. Traeré el agua de allí.

Pero Buda insistió:

-Regresa y tráeme el agua de ese arroyo.

Ananda quedó perplejo, no podía entender la insistencia, pero si su maestro lo solicitaba, él, como discípulo, debía obedecer. Así que volvió a tomar el cuenco en sus manos y se dispuso a iniciar el camino de regreso al arroyo.

-Y no regreses si el agua sigue estando sucia — dijo Buda — . No hagas nada, no te metas en el arroyo. Simplemente siéntate en la orilla en silencio y observa. Antes o después el agua volverá a aclararse, y entonces podrás llenar el cuenco.

Molesto, Ananda volvió hasta allí, descubriendo que su maestro tenía razón. Aunque aún seguía algo turbia, el agua estaba visiblemente más clara. De modo que se sentó en la orilla, observando pacientemente el flujo del río.

Poco a poco, el agua se tornó cristalina. Ananda tomó el cuenco y lo llenó de agua, y mientras lo hacía, comprendió que había un mensaje en todo esto. Ahora podía comprender.

Rebosante de júbilo, Ananda regresó bailando hasta donde estaba Buda, entregándole el cuenco y postrándose a los pies de su maestro para darle las gracias.

-Soy yo quien debería darte las gracias, me has traído el agua — dijo Buda.

-Volví enojado al río — contestó Ananda — , pero sentado en la orilla, he visto como mi mente se aclaraba, al igual que el agua del arroyo. Si hubiera entrado en la corriente, se habría enturbiado de nuevo. Si salto dentro de la mente, genero confusión, empiezan a aparecer problemas. He comprendido que puedo sentarme en la orilla de mi mente, observando todo lo que arrastra: sus hojas muertas, sus dolores, sus heridas, sus deseos… Despreocupado y atento, me sentaré en la orilla y esperaré hasta que se aclare. Por eso, maestro, yo te doy las gracias.

De la dispersión al foco y del foco a la contemplación

Así que para transitar de la dispersión a la contemplación podemos pasar por el foco. Y para ello podemos ponernos música de fondo, empezar con meditaciones guiadas, hacer 40 respiraciones profundas, usar mantras, enfocar la mirada en un punto como en el Zen o poner la atención en la respiración. ¡Lo que tú quieras!

De lo que se trata es que como el joven Ananda, pongas tu atención en un punto mientras la dispersión mental se va posando y cuando eso ocurra podrás contemplar el paisaje de tu mente con mayor claridad.

Y al igual que tienes la capacidad de tonificar tu cuerpo, tu mente también puede fortalecerse y entrenar el músculo del foco y la atención. Y esto precisamente es lo que haremos en el curso Calma tu mente y vive sin dramas que está a punto de salir.

Aquí te dejo el enlace por si quieres apuntarte a la lista preferente:

Haz clic aquí para apuntarte al curso CALMA TU MENTE (Y VIVE SIN DRAMAS)

¿Te ha gustado el post? ¡No dudes en compartir! ;)
2 Comentarios
  • Rocio
    Posted at 12:54h, 02 abril

    Hola, me pareció muy interesante el artículo, dí click al enlace pero no encontré donde está el formulario, me pasas el link plis…gracias!!!

  • Alba Ferreté
    Posted at 12:59h, 02 abril

    Hola Rocío,
    Aquí tienes el enlace para apuntarte al “Cómo vivir con calma mental”: https://themindfulroom.com/calma/

    Gracias a ti, un abrazo 🙂

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