El maravilloso arte de no tener ni idea de nada • The Mindful Room
El maravilloso arte de no tener ni idea de nada

17 Dic El maravilloso arte de no tener ni idea de nada

Algunas veces me siento una impostora.

Aparece dentro de mí ese inquisidor implacable y destructivo que no tiene otra cosa que hacer que ir criticando y juzgando lo mal que hago las cosas.

Y cuando me siento así aparecen siempre en escena esos personajes en la vida real que como buenos espejos que son, me dicen cosas que encarnan y dan voz a ese inquisidor que ya está en mí. Cosas como que qué lástima que no me aplique lo que enseño, o que haciendo lo que hago ya debería saber cómo gestionar determinada situación.

Lo cierto es que estos comentarios en realidad encierran la crueldad y la rigidez del perfeccionismo y la autoexigencia. Aprietan desde el miedo al cambio, desde la dependencia emocional por un terror atroz a la soledad afectiva.

La verdad es que da un poco de lástima. Y hablan tanto de quién te los dice como de esa parte de ti que resuena con ello.

Desde la perspectiva del inquisidor yo debería saberlo todo, debería estar ya muy avanzada en el camino vital que él ha estipulado para mí y, en definitiva, debería pensar y comportarme como un Ser perfecto libre de errores y vivir en una especie de estado de iluminación permanente.

Pero vamos por partes. ¿Qué es saberlo todo? ¿Qué es TODO para él? ¿Cuándo va a ser suficiente? ¿Cuál es la imagen completa del camino vital? ¿Hacia dónde voy que yo no sé pero el inquisidor sí? ¿Qué indicadores hay en la idea de perfección que estamos persiguiendo desde el inconsciente? ¿Qué implica estar iluminado?

No sé tú, pero yo veo arrogancia extrema y un montón de expectativas rancias.

El inquisidor, como buen inquisidor que es, se cree con el conocimiento de una verdad superior y te manipula con ella. Pretende que creas que hay algo malo en tu camino, que hay un sitio al que llegar, que hay un estado que alcanzar. Algo que, obviamente, NUNCA es el estado en el que te encuentras ahora. Y te lo hace saber, claro. Un chantaje emocional desde la perspectiva del Universo abanderada por la culpa, como si un dedo gigante estuviera apuntándote y estuvieras cerca de un castigo demoledor.

El nivel de drama es brutal.

Personalmente el inquisidor me coloca en un estado de humildad interior. Más que nada porque me doy cuenta de lo absurdo que resulta que alguien (interior o exterior) pueda llegar a creer que tenemos que ser siempre coherentes y perfectos y no equivocarnos jamás.

Cuánto más experimento, más leo y más conozco, más cuenta me doy de que no sé absolutamente nada. Que la ignorancia, tan temida para el ego social, es casi un requisito indispensable para poder avanzar (el famoso DESAPRENDER). Y que la brújula nunca está en los conocimientos ni en cómo el otro reacciona ante algo, sino en cómo uno se siente ante cualquier decisión tomada o situación vivida.

Y para ello la calma mental es indispensable. Solo así podemos escuchar este sentir y trascender la culpa.

Yo creo que la transformación verdadera pasa por saberte ignorante de lo que la consciencia espera de ti y aún así dejarte llevar por ella. Pasa por saber que uno enseña lo que viene a aprender y que el gurú solo existe de la expectativa ajena. Y sobretodo pasa por saberte perfecto en tu imperfección.

No pretendo aquí eliminar de la ecuación al conocimiento. ¡Bendito sea para el desaprendizaje! Pero me parece mucho más sano que el conocimiento nos lleve a un estado de mayor apertura mental para seguir aprendiendo que a una cárcel de conocimientos preadquiridos que den cancha al juicio y a la estrechez de miras.

Y eso es un arte.

Porque la mente hace verdad lo que la asegura y la estabiliza. Una verdad que se vuelve muro con el tiempo y empequeñece el propio mundo, tanto interior como exterior.

Salir de la propia verdad para la autoexperimentación, vivir en la incomodidad de lo desconocido y escuchar al inquisidor viendo más allá de las palabras te colocan en el punto justo del cambio y te aseguran la evolución en tu propio proceso.

Así que si tú, igual que yo, tienes un inquisidor dentro de ti o te has encontrado a alguien exterior que ha alimentado esa parte de ti, dale las gracias.

Gracias por apretar y apretar hasta la asfixia, porque en este ahogo veo tu absurdo y desde la incomodidad me busco libre y me acepto en mi propio camino.
Gracias por ayudarme a ver que sentirme impostora también es el camino y que en él está el reconocimiento interior.

¿Porque sabes qué? No me quiero perfecta, me quiero consciente y en eso estoy.

Llegar hasta este punto es un camino de conocimiento y conexión interior que no nace de la noche a la mañana y se da sobretodo a través de un acompañamiento paso a paso. Si te gustaría que fuera yo quien te acompañara en este camino haz clic en este enlace y accede al formulario previo para una sesión de valoración gratuita. Así podremos hablar largo y tendido de tu situación.

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