No sé si quiero lo que se espera de mí • Alba Ferreté | The Mindful Room
Lo que se espera de mí

18 Ene No sé si quiero lo que se espera de mí

Hoy hablaremos de las expectativas que el exterior tiene sobre nosotros. Un tema interesante que está directamente relacionado con una petición de una oyente, Sandra. Si tú también tienes algún tema en mente del que te gustaría que hablara, me encantará que me lo compartas a través de Instagram.

Vamos a ello.

Lo que Sandra me escribió fue:

“Llevo casada 3 años y buscando tener hijos pero no lo hemos logrado y finalmente hemos decidido que realmente no queremos tener hijos. Siento mucha presión social por ello y siento que si no los tenemos seremos una pareja triste y aburrida. Los dos estamos de acuerdo en no tener porque realmente cada vez que veo el mundo en el que vivimos se me quitan las ganas. ¿Estamos locos? ¿Los hijos son lo mejor? Este tema me tiene muy agobiada y no sé qué decisión tomar. Me encantaría que hicieras un podcast sobre este tema. Muchas gracias”.

La presión social

Aquí hay un concepto asociado muy claro que es la presión social. En este caso, aplicado a la maternidad, pero lo podemos extrapolar a casi cualquier cosa.

Lo que refleja es una lucha interior entre lo que quiero y lo que se espera de mí.

Todas las personas sienten o han sentido presión social en algún momento, con independencia de género. La presión social se genera por la necesidad que tenemos los seres humanos de opinar sobre la vida de los demás porque tenemos demasiado miedo como para atender nuestras propias historias y proyectamos nuestro vacío hacia fuera.

Y lamentablemente está muy demostrado el poder que tienen las expectativas de los demás sobre nosotros, como lo que se describe en el el efecto Galatea, el efecto Pigmalión o en su versión negativa, el efecto Golem. Te invito a que busques un poco qué son estos efectos porque son muy interesantes.

La mala noticia es que no podemos hacer nada para que la presión social desaparezca porque no está en nuestra mano cambiar el pensamiento ni la conducta de nadie. La buena, es que podemos decidir soltar las expectativas ajenas para ser más libres y coherentes.

Para ello, necesitamos entender y activar lo que se denomina el coeficiente de racionalidad, que nos permite activar el pensamiento crítico y alejarnos de los pensamientos automáticos. Y el mindfulness puede ser de gran utilidad para esto, potenciando la consciencia y el estar en el presente.

De dónde viene la sensación de lucha

De nuestro alrededor

Cuando hablamos de la presión social de lo que hablamos es de las ideas que flotan a nuestro alrededor que provienen de la familia, amistades, la sociedad, pero también de nuestras propias experiencias que han generado ideas propias y validadas.

El peso de la familia

Y a pesar de venir de varios frentes, la familia tiene un peso enorme en la creación de nuestras estructuras mentales y en lo que luego validaremos como verdadero o no en las otras áreas. Así que para plantearnos el origen de la lucha, tendremos que poner el foco en la familia.

De niños, crecemos en un ambiente concreto que sirve como espacio de creación de una serie de esquemas cognitivos que van a ser la base para seleccionar, discriminar, sopesar o codificar los estímulos que vengan de fuera.

En la infancia eso nos sirve, ¡y mucho! Pero ya de adultos estos esquemas quedan caducos y son la fuente de nuestro sufrimiento.

El miedo a no pertenecer

Sumado a ello está el enorme miedo a no pertenecer, del que hablaba en el podcast de la semana pasada. Ser vistos, amados y reconocidos es todo lo que quiere el niño interior. Y no serlo, puede generar un dolor tan intenso como el físico.

Las lealtades familiares

Y finalmente tenemos las lealtades familiares. Es un concepto que viene de la terapia sistémica y los podríamos definir como “contratos invisibles” con nuestros familiares presentes o pasados, que rigen nuestra vida de manera inconsciente y hacen que repitamos patrones de conducta como lealtad a uno de nuestros progenitores o a algún miembro de nuestra familia, esté vivo o no, incluso aunque no lo hayamos conocido…

Comportamientos y dinámicas que nos colocan en situaciones de compromiso familiar cuyo único objetivo es no perder el reconocimiento de aquellos que nos sustentan y nos dieron la vida.

La culpa subyacente

El pegamento de todo lo visto hasta ahora es la culpa. La culpa es como un gran inquisidor que vive dentro de nosotros que se activa cuando nuestro ego detecta que nos estamos saliendo del camino marcado. (Dicho sea de paso, también puede servirnos en positivo para detectar por donde necesitamos trabajar nuestra liberación interior, todo es cuestión de en qué ponemos el foco).

¿Cómo podemos afrontar esta situación?

Primeramente, es vital entender que no existen decisiones incorrectas. La vida todo lo acoge y todo forma parte del camino. Correcto o incorrecto son términos que nacen del personaje y que son alimentados por el inquisidor interior.

En segundo lugar, podemos hacer una revisión honesta y sincera de los esquemas cognitivos. Dicho de otra forma, de lo que te cuentas, de las creencias que estás alimentando con tu discurso. Pregúntate:

  • ¿Qué te cuentas?
  • ¿Esto que te cuentas es tuyo?
  • ¿Es realista y verdadero este pensamiento? ¿Qué pruebas tienes de que esto es verdad?
  • ¿Desde dónde estás decidiendo, desde el amor o el miedo (chantaje emocional)?
  • ¿De todas las opciones disponibles, cuál es la que te da paz?

Por otro lado, podemos ahondar en la sanación del niño interior y su conexión con el adulto. Se habla mucho de sanar al niño interior pero muy poco de colocarlo en el lugar que le corresponde saliendo de la tiranía de sus pataletas y exigencias para habitar el adulto que somos. El adulto es quien se responsabiliza de la propia vida y emprende acciones para ser coherente con ella. Es quien debe escucharse, atenderse y decidir qué quiere.

También es vital trabajar con el merecimiento y los límites. Nos corresponde a nosotros poner los límites si algo no nos hace bien.

Y en último lugar, la pregunta clave: ¿qué precio estás dispuesta a pagar por vivir una vida no escogida por ti?

¿Te ha gustado el post? ¡No dudes en compartir! ;)
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