Vivir la muerte con consciencia plena • The Mindful Room
Vivir la muerte con consciencia plena

19 Jun Vivir la muerte con consciencia plena

Hace unos días falleció mi abuela, y como persona altamente sensible, este suceso desencadenó en mí un torrente de emociones y pensamientos que me llevaron a reflexiones profundas sobre la muerte, la decisión de morir, nuestro papel en la vida, el papel de aquellos que nos rodean y en especial, lo mucho que se esconde la muerte a nivel sociedad, así como lo poco educados que estamos para hacerle frente. En definitiva, cuán alienados estamos del ciclo natural de vida y muerte que todo lo interconecta. De hecho, se dice que estamos en duelo constante, pues a cada instante, el ahora nace y muere de manera continua y se abre paso a través del cambio.

“La muerte es lo que da sentido a la vida”, decía mi padre.

No le falta razón. Creo que si la tuviéramos presente más a menudo (desde la serenidad y la aceptación), si entendiéramos que estamos aquí por tiempo limitado, nos dejaríamos de tantas tonterías.

El miedo a morir

Dicen que el miedo a morir, es el miedo más primitivo de todos, el miedo que alimenta a todos los otros miedos; ya sea miedo a la soledad, al rechazo, al abandono, a la traición… todos nacen del mismo: El miedo a desaparecer.

Un miedo 100% egoico que no hace otra cosa –mira tu que paradoja– que obstaculizar nuestro proceso de vida. Y de repente, el que fuera un miedo a morir pasa a ser un miedo a vivir.

Veía a mi abuela allí postrada, y pensaba en lo poco importantes que son los dramas cotidianos, en la capacidad que tiene la muerte de separar el grano de la paja, y me venían a la cabeza todas esas personas que cuando llega el lunes esperan a que sea viernes, y que pase rápido la semana hasta que lleguen las vacaciones, en las prisas de muchos para llegar donde sea, en la aceleración cada vez mayor de esta sociedad… señores, señoras, la meta es la misma para todos: con suerte, acabar postrados más o menos visibles para que otros lamenten nuestra pérdida. Fin de la historia.

Lo que a mi me dice eso es que lo importante no es que pase el tiempo para llegar a un sitio “x”, si no disfrutar de cada paso que damos en el presente para que cuando llegue el final, todo haya valido la pena.

La decisión de morir

Una de las cosas que más me ha impresionado sobre la muerte de mi abuela, es que ella decidió irse. De un día para otro, dejó de comer. Cuando le acercaban la comida decía que no. Todo cuanto quería era que la dejasen en paz.

Solemos creer que la muerte es inesperada, que no sabemos ni cómo ni cuándo, pero lo cierto es que no siempre es así.

Me hizo pensar que si una mujer de 97 años decide irse, lo consideramos como medio normal “ya ha hecho todo lo que tenía que hacer”, pero si es alguien de menos edad, es vivido como un drama.

¿No somos todos merecedores de decidir qué queremos y qué no queremos en nuestra vida?, ¿no es la decisión de querer morir un acto de valentía en si mismo?, ¿es más digno decidir quedarse aquí, como muerto en vida, que irse para descansar en paz?, y sobretodo, ¿quién decide “lo que tenemos que hacer y lo que no tenemos que hacer”?

Y no hablo de no atender a quien tiene ideas suicidas porque está sufriendo, hablo de dar espacio a aquellos que, en serenidad y experimentando la vida como un sin-sentido, hayan decidido irse.

No tengo una idea prefijada sobre el tema, la verdad. Pero me hace entrar en aceptación hacia los movimientos vitales, entendiendo que la muerte de uno –quien sea– sacude el interior de muchos.

La muerte lúcida

Aunque ya la conocía de antes, la muerte de mi abuela me hizo reconectar con el trabajo de Paloma Cabadas en relación a la muerte.

Paloma, habla de la muerte lúcida como “esa partida consciente, conocedora de lo que estás soltando y de hacia dónde vas”. Sostiene que tememos a la muerte física, la muerte de nuestro cuerpo; pero que después de la muerte hay mucho más que, al desconocer a causa de incorporar como nuestros sistemas de creencias preestablecidos, hacen que nuestra experiencia interior de evolución, empequeñezca.

Llegar a una muerte lúcida, implica vivir en una vida lúcida. Y una vida lúcida no es otra cosa que una vida consciente y conectada a tu esencia. Un trabajo que a mi entender, merece mucho la pena.

Te dejo un video de Paloma, experimenta por ti misma.

La reacción ante la muerte

La muerte tiene algo de mágico: hace que se nos caigan las caretas y nos destapemos. Nos muestra la incomodidad y cómo reaccionamos ante ella. Y al mismo tiempo, desencadena patrones de conducta propios de nuestra personalidad y de la sociedad en la que vivimos.

Soy la primera que no ha sabido cómo es propio reaccionar ante la muerte ajena y que se ha sentido incómoda al mostrar empatía hacia procesos externos.

Pero, ¿hay una forma correcta de vivir la muerte ajena? Yo creo que no. De hecho creo que la muerte actúa como reflejo a aquellos aspectos de nuestro interior que, de darles espacio y observarlos, supondrían un salto evolutivo.

Hay quien vive la muerte desde el silencio y la interiorización, quien la vive desde la razón, creando argumentos sólidos y racionales para poder dar sentido a los procesos internos; hay quién usa la evasión y la distancia para no entrar en excesivo contacto con las emociones que la muerte genera, y un largo etc., un crisol de reacciones interiores todas “pensadas” para el despertar.

Vivir la muerte con atención plena

Cuando la muerte se pasea por casa, la emocionalidad se apodera de nosotros y pasamos por distintas fases. Empieza lo que conocemos como las 5 fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

Vivirlas con atención plena, es vivirlas con los 7 principios básicos del Mindfulness que nos permiten experimentar la realidad de un modo mucho más consciente y pleno.

No juicio

Acoge a esa voz de tu mente que se esfuerza en recordarte lo que no dijiste, lo que no hiciste. Abrázala cuál niña queriendo amor. Dale espacio, pero no te identifiques con ella. Es la voz de tu ego, que ante lo sucedido busca el modo de adaptarse a la situación.

Y sobretodo, no te aprietes. Vives un proceso de cambio interior, una sacudida emocional que pone en tela de juicios creencias y valores. Es el momento de estar contigo.

Paciencia

Se dice que el duelo dura entre 6 meses y 2 años. Es un proceso tan personal, que tiene tantas implicaciones interiores, que la paciencia y el amor hacia ti misma es el modo más amable de respetar el proceso por el que estás pasando.

Mente de principiante

Acoge. Acoge las nuevas ideas que vayan surgiendo, la nueva visión del mundo. Ábrete a lo que la muerte te ha traído, esta nueva ola de consciencia, esta nueva manera de ver y experimentar la realidad. ¿Tal vez lo que antes era muy trascendental ha dejado de serlo?, ¿tal vez ahora valoras otras cosas?

Ábrete a lo nuevo.

Confianza

Dicen que la vida nunca te trae nada que no estés preparada para superar. Confía en el proceso que vives, acoge el dolor y la tristeza. Están ahí por y para algo. Hablan de ti.

No esfuerzo

No te fuerces a salir del duelo, escucha a tu cuerpo, a tu alma. ¿Necesitas tiempo en silencio y soledad? Dátelo. ¿Necesitas tiempo de evasión y diversión? Dátelo. Pero no hagas algo que no quieras hacer. Respeta tu tiempo y tu espacio.

Aceptación

Esta es la clave. Acepta tu duelo, acepta que vives un proceso emocional profundo que nada tiene que ver con la mente. Aceptar es tal vez la parte más compleja y más personal, que poco o nada tiene que ver con entender lo que está sucediendo.

Aceptar es comprender lo que ha sucedido. Ese “clic” interior que, más allá del dolor, te permite alejarte del sufrimiento y entrar en contacto con la paz del momento que vives.

Dejar ir

Suelta, tanto como puedas. Suelta ideas preconcebidas, suelta tus juicios, suelta el sufrimiento para vivir el dolor en plenitud. Suelta todo lo que limita tu experiencia de duelo. Es bien tuya; una oportunidad para crecer desde lo profundo.

La muerte desde la visión transpersonal

Desde la visión transpersonal, consideramos que la muerte nos devuelve a nuestra infinitud. Ese océano de consciencia del que venimos que cuál remolino en el mar, vuelve a su estado original.

Me apetece compartir contigo la charla de José María Doria, director de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, en la que yo me formé, sobre la vida y la muerte.

Sosiego para el alma

No quería cerrar el tema de la muerte sin antes hablar de Elisabeth Kübler-Ross. Psiquiatra suizo-estadounidense que dedicó a su vida al estudio de las emociones en aquellas personas en procesos de enfermedad o vejez, que se sabían próximas a la muerte, y propuso cuidados paliativos.

Aunque murió en 2004, sus estudios sobre los procesos de muerte, aportan luz a este tránsito vital tan oculto, y gracias a su trabajo, mejoró la calidad de los breves instantes de vida de muchos moribundos, y aportó sosiego a las familias que perdieron a un ser querido.

De sus estudios, nacieron casi 20 obras. En castellano, las más conocidas “La muerte un amanecer”, “La rueda de la vida” y “Lecciones de vida”.

Yo me leí los dos primeros hace un tiempo, y aportan mucha calma y tranquilidad. Especialmente en momentos de duelo.

Quiero compartir contigo un fragmento de su libro “La muerte un amanecer”:

Con el lenguaje que utilizo en el caso de los niños moribundos de muy corta edad (por ejemplo el que empleo en la carta Dougy), digo que la muerte física del hombre es idéntica al abandono del capullo de seda por la mariposa. La observación que hacemos es que el capullo de seda y su larva pueden compararse con el cuerpo humano. Un cuerpo humano transitorio. De todos modos, no son idénticos a vosotros. Son, digámoslo así, como una casa ocupada de modo provisional. Morir significa, simplemente, mudarse a una casa más bella, hablando simbólicamente, se sobreentiende.Desde el momento en que el capullo de seda se deteriora irreversiblemente, ya sea como consecuencia de un suicidio, de homicidio, infarto o enfermedades crónicas (no importa la forma), va a liberar a la mariposa, es decir, a vuestra alma.”

Hasta aquí el post de hoy. Si te apetece compartir algo, encantada de leerte!

Un abrazo hondo y hasta la semana que viene,
Alba.

Photo by Silvestri Matteo on Unsplash

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